La pandemia no solo transformó la actividad económica mundial, sino que también consolidó el modelo de trabajo a distancia. La necesidad de mantener el rendimiento empresarial sin poder salir de casa obligó a muchas empresas a confiar en un sistema hasta entonces poco utilizado. Tras el confinamiento, muchas organizaciones mantuvieron el teletrabajo como parte total o parcial de su rutina, mientras que otras han preferido volver por completo a la presencialidad.

Durante la pandemia, la tasa de teletrabajo intensivo (más de la mitad de los días) en España alcanzó el 16 %. Actualmente, el porcentaje se sitúa en el 7,5 % y el del teletrabajo ocasional ronda el 7,1 %. Esto significa que, a día de hoy, uno de cada trece trabajadores españoles realiza la mayor parte de su jornada laboral desde casa. Este descenso muestra un retroceso lógico respecto a los años más excepcionales, pero también pone de manifiesto que el teletrabajo se ha reafirmado como una metodología de trabajo ampliamente extendida en nuestro país.

Una de las causas que explica este hecho es la consolidación del modelo de trabajo híbrido, que combina días de trabajo presencial y días de trabajo remoto. Para muchas empresas, trabajar algunos días desde casa y otros desde la oficina representa el punto de equilibrio entre el control de la empresa y la flexibilidad del trabajador.

A pesar de los buenos resultados que el teletrabajo ofreció durante el confinamiento, en España sigue predominando la cultura del “presentismo”, según la cual un trabajador es mucho más eficiente cuando está físicamente en su puesto de trabajo. Además, la estructura económica del país dificulta que las tasas de teletrabajo aumenten mucho más, ya que tienen un gran peso sectores como el turismo y el comercio, donde predominan los trabajos de atención presencial al cliente.

En resumen, el teletrabajo se ha consolidado como un modelo de trabajo bastante extendido en España, especialmente en sectores como el tecnológico, pero sigue muy por debajo de la media europea (24 %). Esta diferencia pone de manifiesto que su implantación todavía es limitada y que depende de las características económicas y de la cultura empresarial de cada país.